Twitter para octogenarios

Hará unas semanas que mi abuelo, octogenario, me brindaba una de esas oportunidades únicas de compartir la visión del momento con él. Entre la lucidez que su edad le permitía, me advirtió con energía: “Si alguna vez eres periodista y yo puedo verlo, déjame entrar por teléfono o una ‘Carta al Director’ y déjame decir lo que pienso”. Lo decía exhausto por haber trabajado toda una vida al servicio de un país que apenas le ha dejado nada. Quizás, si mi abuelo conociese algo más de cerca cómo se mueve el mundo a través de internet igual habría cambiado, sino las palabras, el tono de advertencia.

Aquellos que seguimos el mundo del periodismo de cerca y sobre todo que lo vivimos con la pasión que caracteriza a este oficio, nos estremece la situación que hoy día vive. Las circunstancias no podrían estar más desfavorables. Más allá de la crisis que nos acompaña en nuestro día a día y que nos afecta, no sólo a nuestro bolsillo sino a nuestros propios valores, la profesión denominada como el “cuarto poder” pierde fuelle y, valga la redundancia, pierde el “poder” que le caracteriza. El papel “se acaba” y el rigor exige de unas fuentes cada vez más difusas y menos fiables.

 

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Las redes se llenan de ineptos que gritan a viva voz todo cuanto piensan sin apenas argumentos e incluso nos hemos acostumbrados a leer reportajes en poco más de 140 caracteres.

 

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Para colmo, las redacciones y los medios en general se sienten tan presionados económica e ideológicamente que tienen que rellenar los sumarios con basura “infoentretenida”, ya que las más importantes pueden poner en un serio compromiso al medio -véase, la polémica presión ejercida presuntamente por el Partido Popular al diario El Mundo, cuyo ya ex-director ha reconocido públicamente que dejó su máximo cargo, entre otras, por estas circunstancias-. Y para colmo, rozando el final de un pozo casi sin salida, se encuentra la falta de inclusión de las voces ciudadanas en los medios. Porque claro, ¿qué es sino el periodismo una manera recíproca de necesidad de información y necesidad de poder ciudadano? Haciendo referencia a un dicho muy popular, sin buen periodismo no hay “ni voz, ni voto”.

¿O sí?

Aquí se plantea otro debate importante: ¿Quién necesita ya los medios para pronunciarse?

Aquello a lo que llamamos “la elección de la agenda temática” exige un alto porcentaje de gresca, de bulla. Aquello que confirme esa teoría freudiana sobre la necesidad humana de ver leones despedazando humanos como tú y como yo. Y dadas las circunstancias económicas, la agenda se llena cada vez más de aquello que carece de importancia y de sentido crítico y mucho menos, de aquello que es capaz de crear en el espectador conciencia y opinión propia.

Apenas nacer la televisión y la necesaria audiencia (y por consiguiente la atracción de los anunciante y la remuneración económica por ello), se empezó a considerar que la base de un buen debate era un buen circo. Las falacias empezaron a considerarse como parte de un guion pactado y el resultado era un final en el que no se había dicho absolutamente nada (interesante).

Obviamente, todo este argumento tenía que ir con un vocabulario más preciso y coloquial si quería convencer a mi abuelo de que, tal y como comenzaba mi respuesta a su advertencia, el futuro del debate público estaba en las redes sociales.

En este mundo cambiante entendemos que tras una necesidad, cualquiera que sea, siempre hay alguien que hace por organizar o crear algo para solucionar ese vacío. Quizás la misión, la visión y los valores de Twitter nunca fueron diseñados para crear revoluciones sociales o para convertirse en pequeños foros de debate donde los propios intermediarios eran los protagonistas de las historias. Probablemente nunca se pensó que la gente podría tener una visibilidad tan grande a través de una acción llamada retuit y cuyos comentarios podrían influir tanto en el espíritu crítico de la gente y probablemente, tampoco se pensó, en que de ahí se denunciaría a viva voz, sin censura, aquello que resultaba incómodo para el pueblo. Recuerdo que no hace mucho, un periodista del grupo PRISA dijo con la boca pequeña que “añoraba esos años en los que la publicidad de los complejos Polaris World precedían a noticias que contaban la corrupción que había detrás de sus ladrillos. ¿Qué debate público puede generar un medio que realiza ese tipo de afirmaciones si se intenta denunciar un caso como tal? Probablemente ninguno.

Mi abuelo entendió bastante bien lo que le expliqué, al menos su cara de asombro y entusiasmo lo reflejaban. Él mismo llegó a la misma conclusión a la que yo había llegado hace meses, siguiendo exhaustivamente la comunicación institucional de los partidos y medios y cómo personajes anónimos intentaban boicotear y denunciar sus “meléficos planes” a través de las redes. La conclusión era la gran pregunta: ¿Qué medio es quizás el que más se abra al debate público? Un medio que censura las voces existentes es un medio que no se abre al debate. Si tengo algo que decir lo haré con mi abuelo, entre cervezas y tapas o quizás, si aún no me han censurado, a través de Twitter.

Gonkasevilla Blog
By | 2016-10-19T18:09:29+00:00 julio 2nd, 2014|COMUNICACIÓN, EGO, TECNOLOGÍA|0 Comments

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