Café para Dos: Combustión Espontánea (I)

Él

Esperaba en la puerta fumando un cigarro, uno de esos cuya marca no compra nadie por ser barato, por intoxicarse más de lo que lo hacen las marcas más comunes. Vestía cómodo, desapercibido, pero elegante. Portaba además unas gafas oscuras que protegían su mirada mientras él, observaba todo lo que acontecía a su paso.

En aquellos minutos eternos, ya pasada la hora acordada, miraba a su alrededor y se daba cuenta de que la realidad ya era lo suficientemente dura y ostentosa como para que él formara parte de ello. Se consideraba una persona sencilla pero no simple, una distinción de esas que es importante matizar. Destacaba quizás más por su actitud que por lo que él realmente era, pues no dejaba de ser un estudiante corriente, un trabajador corriente y un hombre corriente. Miró su reloj y supuso el retraso de la otra persona, así que no habría más remedio que sacar otro cigarro del bolsillo y seguir aguantando la espera.

 

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En la acera de enfrente dos jóvenes discutían por algo muy obvio. Sin gritos, se decían las cosas mientras caminaban uno delante del otro. Caras de malestar, reproches y un sin fin de barbaridades que no debería haber oído nadie más que ellos, algo que en ese momento era imposible, pues la calle estaba prácticamente desierta.

 

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El sol cada vez se hacía más duro, más inaguantable. Se le ocurrió pensar qué había ocurrido en ese mismo día hace exactamente una semana, un mes, un año. En su cabeza sonaban las hojas de los días cayendo, dejando un recuerdo marcado en cada número, mientras se esparcían en su mente hacia ninguna parte. Quizás, ese día no era el más indicado hacer ese ejercicio. Se sintió fuerte a pesar de que su mente se fue destruyendo a pedazos, como un bombardeo en Gaza. -Cosas de la vida- se dijo a sí mismo-. Necesitaba un café

– ¿Disculpa, llevas fuego?- le dijo por la espalda una joven que salía de aquella cafetería y que a pesar de la sutileza con la que había actuado, lo había sorprendido.

– Claro, toma- y el joven le ofreció su mechero.

– ¿Nos conocemos?- le preguntó ella mientras fumaba a su lado.

– No debería- le dijo él. Ella se quedó con cara extrañada. – ¡No, no!, perdona. No quería decir eso. Tengo mala memoria y no me gusta no acordarme de la gente. Prefiero no conocerte a conocerte y no saber quién eres. – Está muy bien eso- le dijo ella. – Alomejor la persona a la que esperas tampoco tiene buena memoria- Ahora fue él el que se quedó con cara extrañada.

+¡No, no! perdona. No quería decir eso- le dijo ella con tono irónico. – Simplemente que llevo tiempo dentro viendo como esperas fumando sin parar. Hace demasiado calor para estar aquí.

– Descuida, vendrá, estoy seguro. Lo raro sería que no apareciese. No suele fallar nunca. Nunca lo ha hecho. … no sería justo…

+ ¿Decías algo?

–  No, joder, hablaba para mí mismo jaja. Estoy un poco loco, ¿sabes? Puedes asustarte y volver ahí dentro si quieres. Lo entenderé.

+ Bueno, te he escuchado así que lo tomaré como que decías algo que no querías que yo escuchase. Dejémoslo en eso, ¿vale?. Y ahora puedes encenderte otro cigarro si quieres. Total, mis libros son densos y mis apuntes lo son más. Un descanso largo me vendrá bien.

Él sacó el móvil y revisó que no tenía nada.

– No sé, es raro. Ha pasado mucho tiempo y aún no tengo noticias. Puede que ya no…

+ ¿Puedo contarte una historia mientras esperas? Igual se te hace el tiempo más ameno.

– Claro, adelante.

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By | 2016-10-19T18:09:29+00:00 agosto 8th, 2014|EGO|0 Comments

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