Te desubico

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Cuando creía haberte alcanzado te perdí la pista. Te perdí. Y no seguí tus huellas. Creí haberte visto durmiendo en mi cama, saliendo de mi ducha o atendiendo mis llamadas de socorro. Pero no, me equivoqué.

 

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Te desubico. Y creo que es el titular más honesto que puedo ofrecerte. Hay tantas guerras en Oriente como en tu cabeza, enterrada quizás en Marte. Y hablo en segunda y tercera persona a pesar de hablar de mí, por que me perdí en algún lugar como el que olvida

su cartera en la línea “D” del subte. Puede que esté en Buenos Aires o quizás en alguna ciudad que no he visitado, de esas sobre las que paseo mientras duermo. “Es que no me entiendo”, me grito a ver si me escucho al otro lado del mundo, como el que lanza un mensaje de socorro en una enorme hoguera, habiendo incendiado su alma como precio.

Ya ni siquiera sé hablar de mí. Ni de mí mismo. Menos aún de mí. Me he vuelto invisible ante la gente que me observa. Perdí esa capacidad tan atractiva de aquello a lo que llaman sentir. Incluso es mi espejo quien me avisa y me reproduce visualmente como un recipiente vacío en cuyo interior el líquido se agota conforme pasa el día. Transparente envase. Transparente líquido. Cualquier elemento del entorno me atraviesa sin previo aviso, sin si quiera daño. No existen manos capaces de surcar la superficie de mi cuerpo sin que ahonden lo más mínimo. Perdí también mi nombre y se lo llevó él. O sea, me lo llevé yo sin ser yo mismo. Y ahora miento ante la indiferencia de la gente. Esa extraña sensación de no escuchar las carcajadas cuando nacen de las gargantas ajenas. Guardan silencio como el que guarda luto en su propio óbito.

Mientras tanto me escribo cartas como esta. Mensajes llenos de pequeños vacíos. Líquidos también como aquel recipiente en el espejo. Ojalá que algún día las leyese aquel que creí ser o que quizás fui. Él quizás llore, ría, grite o susurre mentiras como las que me prometí hacerme y que nunca llegué a cumplir. Mientras tanto seguiré viéndote dormir en mi cama, salir de mi ducha y atender mis llamadas de socorro. Recuerda entonces, si no es molestia, que yo estaré a un lado del teléfono  y por tanto, yo también al otro.

Solamente donde llueva, allí estaré.

Gonkasevilla Blog
By | 2016-10-19T18:09:29+00:00 noviembre 16th, 2014|EGO|0 Comments

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